¿Una materia resultó más complicada de lo que esperabas? ¿Tu rutina ya no está funcionando como antes? ¿El semestre no comenzó como lo imaginabas?
De acuerdo con Amador Mendoza, mentor de bienestar de PrepaTec Saltillo, las primeras semanas del regreso a clases pueden implicar un proceso de adaptación en el que los estudiantes comienzan a cuestionar sus hábitos, expectativas y la forma en que enfrentan una nueva dinámica académica.
Para identificar qué puede estar fallando y qué ajustes realizar, Zúñiga compartió 5 recomendaciones para afrontar las primeras dificultades del semestre y reorganizar hábitos, expectativas y prioridades.
1. Identifica qué está fallando
2. Ajusta tus hábitos y resuelve tus dudas
3. Revisa cómo estás distribuyendo tu tiempo
5. Prioriza y empieza por lo más manejable
1. Identifica qué está fallando
Ante una mala calificación o una dificultad durante las primeras semanas, Zúñiga recomendó evitar asumir que todo el semestre está saliendo mal y analizar primero qué ocurrió.
“Lo primero es ver en qué nos equivocamos y no entender esto como un fracaso total”, señaló.
Para ello, el mentor sugirió observar la situación de manera realista e identificar si el problema está relacionado con los hábitos, la comprensión de una materia, la organización del tiempo o incluso con no resolver dudas en clase.
También recomendó cuestionar pensamientos generales como “ya me quedé atrás” y llevarlos a situaciones concretas para reconocer qué aspectos requieren atención.
“Es como empezar a desmenuzar e ir de lo general a lo particular”, explicó.
2. Ajusta tus hábitos y resuelve tus dudas
Una vez identificado el problema, Zúñiga planteó revisar si los hábitos que antes funcionaban siguen siendo útiles ante una nueva dinámica académica.
El mentor explicó que un cambio de sistema escolar, exigencia o rutina puede requerir modificar la forma de estudiar, organizarse o acercarse a una materia.
Si la dificultad está en comprender un tema, sugirió resolver las dudas en el momento o anotarlas para consultarlas después con el profesor o mediante una asesoría.
“Ese ‘luego pregunto’ se vuelve en un problema muy grande, porque pueden olvidarse de hacerlo”, señaló.
Para Zúñiga, lo importante es no dejar pasar las dudas. Preguntar durante o después de clase, acercarse al profesor o buscar una asesoría son algunas de las alternativas que propone cuando una explicación o procedimiento no ha quedado claro.
3. Revisa cómo estás distribuyendo tu tiempo
Además de observar los hábitos de estudio, el mentor señaló que es importante revisar la rutina completa, pues el sueño, la alimentación, el descanso o las actividades extracurriculares también pueden influir.
Una herramienta que propuso es registrar las actividades realizadas durante las 24 horas del día para identificar cuánto tiempo se destina a cada una y qué áreas podrían estar descuidándose.
“Es como hacer una agenda de todo, literalmente, lo que haces en un día para ver cómo está distribuido ese tiempo”, explicó.
Agregó que, dormir poco, descuidar la alimentación o reducir el tiempo destinado al autocuidado y a las relaciones significativas pueden ser señales de que es necesario reorganizar prioridades.
“Ni todo es estudio, ni todo es deporte, ni todo es familia, ni amigos, se trata de un equilibrio”, señaló.
4. Ajusta tus expectativas
De acuerdo al mentor, durante el semestre pueden aparecer expectativas sobre el rendimiento académico, la participación en actividades o la manera en que debería vivirse esta etapa.
Zúñiga recalcó que no es necesario involucrarse en todas las actividades al mismo tiempo, pues a lo largo de la etapa escolar es posible conocer distintas opciones, probarlas y decidir cuáles se ajustan mejor a los intereses y posibilidades de cada estudiante.
También planteó evitar compararse constantemente con otros, ya que cada persona puede tener procesos, fortalezas y áreas de oportunidad diferentes.
“Todos somos personas bien diferentes y contamos con procesos distintos”, explicó.
Ante estas comparaciones, el mentor propuso trabajar desde la autocompasión, que define como ser amable con uno mismo y aceptar las propias dificultades sin reducir la atención únicamente a aquello que otros hacen mejor.
“Si tú nada más te estás comparando, solamente vas a ver cosas negativas. No vas a ver la otra cara de la moneda”, afirmó.
Esta aceptación, agregó, no implica conformarse o dejar de buscar mejoras, sino reconocer el punto desde el que cada persona avanza y encontrar las estrategias que mejor se adapten a su propio proceso.
"Si tú nada más te estás comparando, solamente vas a ver cosas negativas. No vas a ver la otra cara de la moneda".
5. Prioriza y empieza por lo más manejable
Cuando varias dificultades se acumulan al mismo tiempo, el mentor recomendó hacer una lista de aquellas situaciones que están generando preocupación, ansiedad o inquietud.
A partir de ahí, sugirió ordenarlas según el nivel de malestar que provocan e identificar cuál resulta más manejable para comenzar a trabajar en ella.
“Puede llegar a ser tan abrumador que soltamos la toalla y decimos: ‘ay no, esto no es para mí’”, explicó.
En lugar de intentar resolver todo al mismo tiempo, señaló que comenzar por aquello que genera menor ansiedad puede facilitar avanzar posteriormente hacia situaciones más complejas.
“Cuando tú trabajas la que te genera menos ansiedad, o que es más manejable, la siguiente va a ser más sencilla”, afirmó.
Además de realizar estos ajustes, Zúñiga recalcó la importancia de reconocer la red de apoyo con la que cuenta cada estudiante, ya sea a través de profesores, mentores, compañeros, familiares u otras personas de confianza.
Ante los cambios y dificultades que pueden presentarse durante el semestre, el mentor invitó también a tener tolerancia y autocompasión durante el proceso.
“Si me pierdo o no sé qué hacer, pues hay que entender que no estoy solo, puedo solicitar apoyo de alguien más”, concluyó.
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