Una ciudad puede construir parques, bibliotecas, calles y edificios, pero para Sergio Fajardo, transformar el espacio físico no basta: el cambio ocurre cuando las personas que lo habitan participan también en construirlo.
El matemático, académico y exalcalde de Medellín compartió esta visión con estudiantes del Tec de Monterrey campus Querétaro durante la conferencia Urbanismo Ciudadano.
Más que comenzar por las obras que modificaron Medellín, Fajardo llevó la conversación hacia lo que sucedió detrás de ellas: conectar personas, comunidades y distintos sectores alrededor de un propósito común.
“Una persona está empoderada cuando se siente protagonista de su transformación”, señaló el profesor distinguido en Liderazgo Público.
Su planteamiento abre una pregunta que trasciende a Medellín y aterriza también en Querétaro: ¿qué sucede cuando quienes viven una ciudad dejan de ser espectadores y participan en la transformación de su propio entorno?
Transformar la ciudad comienza antes de construir
Antes de mostrar edificios o intervenciones realizadas durante su gestión en Medellín, Fajardo explicó a los estudiantes que quería abordar primero “la esencia” detrás de las transformaciones y cómo llegaron a realizarse.
Esa esencia, señaló, parte de conectar y poner en acción conjuntamente a personas, comunidades y sociedad, para el académico Fajardo, el urbanismo social está relacionado con una forma de liderazgo que establece un objetivo común y logra que distintos actores trabajen hacia él.
Su relato partió de una Medellín que en 1991 registraba 375 homicidios por cada 100 mil habitantes, cifra que utilizó para dimensionar el contexto de violencia desde el cual comenzó el proceso de transformación que encabezó.
Sin embargo, transformar una comunidad, explicó, no significa llegar a ella con una solución terminada. La participación cambia la relación de las personas con aquello que sucede en su entorno.
“No es que venga, yo le hice todo esto y después se lo entrego. No, yo fui el partícipe”, añadió Sergio Fajardo.
Para el académico colombiano, involucrarse en ese proceso permite que las personas se reconozcan como protagonistas y aporten a la definición de los cambios que ocurren en los espacios que habitan.
La construcción de comunidad también requiere relacionarse con quienes piensan diferente. Al abordar la polarización, Fajardo habló de sociedades divididas entre bandos y de la necesidad de recuperar espacios comunes.
“Nosotros podemos ser diferentes sin ser enemigos”, enfatizó Fajardo.
En lugar de construir “trincheras”, agregó, su experiencia ha consistido en “tender puentes” entre personas y sectores distintos.
De habitantes a protagonistas: el vínculo con distritoQRO
A unos metros del espacio donde Fajardo habló de convertir a las personas en protagonistas de la transformación, esa idea encuentra un caso local en las comunidades que integran distritoQRO.
El proyecto abarca un territorio de 525 hectáreas y plantea un modelo de desarrollo urbano y social que conecta conocimiento y comunidad para impulsar la calidad de vida y la transformación de Querétaro, sus tres pilares son participación ciudadana, urbanismo social e investigación aplicada.
Uno de los ejemplos es Código Común, iniciativa en la que vecinos, estudiantes y profesores han dialogado, diagnosticado el territorio y construido propuestas urbanas de manera conjunta en colonias cercanas al campus. En una de sus etapas participaron 30 estudiantes y 15 profesores del Tec.
La lógica coincide con una de las ideas que Fajardo reiteró durante su conferencia:
“Cuando usted participa, cuando usted es protagonista [...] está dando lo mejor de sí misma y está siendo partícipe”.
Esa participación ya ha llegado a intervenciones concretas dentro de distritoQRO. En la colonia San Pablo, por ejemplo, vecinos, profesores y estudiantes trabajaron en una propuesta de rediseño de la Calzada Guadalupe que contempla 28 nuevos árboles, ampliación de banquetas y acciones para retornar 1.3 millones de litros de agua al acuífero cada año.
Para Fajardo, cualquier transformación requiere primero definir hacia dónde se quiere avanzar y construir una visión compartida antes de determinar el camino para alcanzarla.
“¿Por qué la estoy haciendo?, ¿qué es lo que yo quiero hacer y cómo voy a llegar? Esas tres preguntas les sirven para organizar la mente”.
En una ciudad, esas preguntas dejan de pertenecer únicamente a arquitectos, urbanistas o autoridades cuando quienes habitan el territorio participan también en responderlas.
Porque, como sintetizó Fajardo al explicar lo aprendido durante su trayectoria, “yo aprendí desde muy temprano a conectar, poner en acción, de manera conjunta, a personas, a comunidades y a toda una sociedad”.
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