¿Cada vez haces más tiempo de casa al trabajo o a la escuela? ¿Conoces a alguien que vive lejos del centro, pero trabaja o estudia ahí? ¿Has notado que en algunas zonas del centro de tu ciudad hay muchas oficinas, comercios y servicios, pero cada vez menos viviendas?
No son fenómenos aislados, un estudio realizado por investigadores del Tecnológico de Monterrey y el Complexity Science Hub de Viena analizó los movimientos de la población mexicana durante los últimos 30 años y encontró un patrón común:
La población aumentó, pero en lugar de concentrarse en los centros de las ciudades, creció principalmente en zonas cada vez más alejadas.
Los resultados fueron publicados en Nature Communications y también pueden explorarse en Centrar el Futuro, un atlas interactivo que permite explorar y comparar cómo ha cambiado la población de las ciudades mexicanas.
Los mexicanos viven cada vez más lejos del centro
En solo 30 años, 2.5 millones de mexicanos dejaron de vivir en los centros de sus ciudades, una cifra equivalente a toda la población del estado de Tabasco.
Mientras tanto, las ciudades seguían aumentando tanto en población como en superficie urbanizada
En 1990, 4 de cada 10 personas vivían en las zonas céntricas de sus ciudades; para 2020, eran apenas 2.
El resto del crecimiento ocurrió más lejos. Las zonas intermedias sumaron 5.8 millones de habitantes; las más alejadas, 16.1 millones; y las periurbanas, 11.7 millones.
Esto pasó en las 69 ciudades estudiadas, aunque no todas crecieron igual ni tienen el mismo tamaño.
En Monterrey, por ejemplo, la población prácticamente se duplicó, pero quienes vivían a menos de cinco kilómetros del centro pasaron de 485 mil a 377 mil.
Guadalajara creció 71 %, mientras esa misma zona perdió 240 mil habitantes. Y la zona central de Ciudad de México perdió 166 mil.
Es decir, llegó más gente a las ciudades, pero no a sus centros."Quedamos de alguna forma con nuestras ciudades al revés”, así lo explica Roberto Ponce-López, director de Investigación del Centro para el Futuro de las Ciudades y coautor del estudio.
Además, aunque sus centros perdieron población, hoy las ciudades mexicanas concentran 18 % más habitantes en el mismo espacio que hace 30 años.
“El problema es que esa densidad está mal ubicada. Está en las periferias en lugar de las zonas centrales”.
Vivir más lejos también tiene un costo
Que la población se aleje del centro no solo cambia el mapa de una ciudad. También aumenta las distancias recorridas.
Los investigadores calcularon que la distancia respecto del centro de las ciudades aumentó 28 % en promedio durante las tres décadas analizadas.
El estudio confirma que este aumento está asociado con la pérdida de población central y el crecimiento de las zonas de la periferia.
Rafael Prieto-Curiel, matemático del Complexity Science Hub, explica que ese alejamiento se traduce en “más tiempo de traslado en el tráfico, más contaminación y más costos”.
Además, conforme las personas viven más lejos del centro, también puede disminuir su acceso a servicios.
“Mientras más nos movemos hacia afuera, menos probable es que la persona tenga acceso a transporte público, o internet o drenaje”.
Para Eugen Resendiz, otra de las investigadoras de esta iniciativa, este problema también puede verse desde otra perspectiva: la salud urbana.
"Todos estos análisis y estos fenómenos que estamos viendo tienen un impacto en los comportamientos y en la salud de las personas”.
Vivir cada vez más lejos no es únicamente una cuestión de kilómetros. También implica traslados más largos, mayores costos y diferencias en el acceso a servicios.
¿Era inevitable que las ciudades crecieran hacia afuera?
Una ciudad que gana habitantes necesita espacio, pero el crecimiento de la población no explica por sí solo la expansión que tuvieron las ciudades mexicanas, señala el estudio.
El modelo encontró que, incluso si la población se hubiera mantenido igual entre 1990 y 2020, las ciudades se habrían expandido 19 %.
Para Ponce-López, esto indica que hay otros factores detrás: las políticas de suelo, la planeación y las decisiones sobre dónde y cómo construir vivienda, por ejemplo:
- Cambios iniciados en los años noventa, que facilitaron la construcción privada de vivienda en terrenos en la periferia más baratos.
- El problema es que esa expansión habitacional no siempre estuvo acompañada de transporte, agua, drenaje, escuelas y otros servicios.
- Además, la reforma de 1992 sobre la propiedad de la tierra amplió la disponibilidad de suelo urbanizable en las periferias.
-A partir de 2001, los cambios en el sistema de financiamiento de vivienda expandieron fuertemente el acceso al crédito.
- La producción anual de vivienda pasó de aproximadamente 50 mil a más de 1.4 millones de unidades entre 2001 y 2013.
Uno de los principales problemas es que la vivienda asequible se ha desplazado hacia las zonas más alejadas, mientras resulta difícil encontrarla en las zonas centrales, de acuerdo con Ponce-López:
“El gran motor de este fenómeno que observamos es que las personas migran a donde encuentran una oferta de vivienda asequible. Y esto es en la periferia urbana”.
“El gran motor de este fenómeno que observamos es que las personas migran a donde encuentran una oferta de vivienda asequible. Y esto es en la periferia urbana”.- Roberto Ponce
¿Cómo volver a acercar las ciudades a su zona centro?
Para Ponce, una de las primeras respuestas está en la vivienda: construir opciones asequibles y verticales en las zonas centrales, donde ya existe buena parte de la infraestructura.
“Necesitamos departamentos de $1 millón, máximo $2 millones de pesos en las zonas centrales de las ciudades”.
Pero no basta con construir vivienda. Ponce-López también identifica otro problema: la forma en que planeamos las ciudades y la falta de coordinación entre los municipios que integran una misma zona metropolitana.
Cada municipio decide sobre usos de suelo, licencias y crecimiento, aunque lo que haga uno puede tener consecuencias sobre los demás. Por eso propone mecanismos de coordinación metropolitana.
También plantea revisar los planes de desarrollo urbano, que determinan desde qué tan alto puede construirse hasta cuánta superficie de un terreno puede ocuparse.
Cambiar esas reglas, puede ayudar a frenar el crecimiento hacia afuera y facilitar el crecimiento vertical en las zonas centrales.
“El modelo de ciudad que tenemos está exhausto, debemos cambiar, no es viable esto que estamos haciendo”.
Algunas de estas ideas ya comenzaron a probarse.
El Centro para el Futuro de las Ciudades trabaja en proyectos en Mexicali, Culiacán, Saltillo y Monterrey para explorar cómo hacer viable vivienda vertical y asequible en zonas centrales.
Los proyectos buscan sentar en la misma mesa al sector privado, que aporta capital, y al público, que regula el suelo, para modificar obstáculos como requisitos de estacionamiento, límites de altura y otros procesos regulatorios.
Un atlas para pensar qué ciudad queremos
Centrar el Futuro fue presentado el lunes 17 de agosto en el Tec campus Ciudad de México, durante un encuentro organizado por el Centro para el Futuro de las Ciudades.
Ahí, Ponce-López presentó los resultados de la investigación y la plataforma interactiva. Además, investigadores, funcionarios y especialistas debatieron qué está provocando este modelo de crecimiento y qué tendría que cambiar para revertirlo.
Entre ellos estuvieron:
- José Iracheta, subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU);
- Diane Davis, profesora de Harvard;
- Claudia Masferrer, investigadora de El Colegio de México; y
- Emmanuel León, de la Secretaría de Planeación, Ordenamiento Territorial y Coordinación Metropolitana de la Ciudad de México.
Alberto Meouchi, responsable de la plataforma, explica que uno de los retos fue traducir la investigación para que sus resultados puedan ser entendidos y utilizados por más personas.
La plataforma permite explorar los datos y descargarlos para utilizarlos en nuevas investigaciones e incluso en planes de desarrollo urbano.
Pero el atlas no está pensado como un producto terminado. La intención es incorporar después indicadores ambientales, económicos, sociales, de salud o movilidad, así como nuevas investigaciones de universidades y especialistas.
De acuerdo con José Antonio Torre, director nacional del Centro para el Futuro de las Ciudades, la idea es que Centrar el Futuro se convierta poco a poco en un repositorio de las ciudades de México, donde los datos sirvan para discutir sus causas, consecuencias y posibles soluciones.
“Porque si no tenemos un diagnóstico certero, las soluciones que estaremos diseñando probablemente no van a responder a las necesidades que realmente tenemos como sociedad”.
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