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Ángel Solís aprendió que hacer crecer una idea también implica escuchar a la comunidad, probar, cambiar y volver a intentarlo
Por Gerardo Villarreal | Redacción Nacional CONECTA - 21/09/2026 Fotos Cortesía Ángel Solís
Tiempo estimado de lectura:6 mins

A los 17 años, Ángel Solís enseñaba matemáticas a niñas y niños de comunidades de Chiapas con materiales que elaboraba a mano. Semillas, piedras o ramas le servían para representar los puntos y rayas del sistema numérico maya.

No sabía qué era emprender. Tampoco imaginaba que aquellas primeras clases serían el origen de Kukulmat, un proyecto que seguiría creciendo —y cambiando— durante casi una década.

En el camino llegaron muchos “no”, cambios de rumbo y hasta dudas sobre si valía la pena continuar.

Ángel siguió, pero Kukulmat no permaneció igual.

La iniciativa que comenzó enseñando matemáticas evolucionó al escuchar a las comunidades, incorporar nuevos aprendizajes y explorar cómo la tecnología podía —o no— responder a sus necesidades.

Hoy, a sus 25 años, Ángel es egresado del Tec de Monterrey y forma parte de la quinta generación de Líderes del Mañana. Recientemente, Forbes México lo eligió entre 30 jóvenes menores de 30 años que destacan por sus iniciativas y trayectoria en el país.

 

Ángel Solís
Ángel Solís, EXATEC creador de Kukulmat, fue reconocido por Forbes México entre 30 jóvenes menores de 30 años por sus proyectos y trayectoria. (Foto: LinkedIn Ángel Solís).

Escuchar un consejo no significa aplicarlo de inmediato

Cuando Ángel llegó al Tec de Monterrey, se encontró con conceptos que hasta entonces le resultaban desconocidos.

“Yo ni siquiera tenía en el mapa qué era emprender. Llego al Tec y lo primero que escucho es emprender, proyectos, liderazgo, comunicación, storytelling”, recuerda.

Mientras Ángel compartía que su proyecto consistía en llevar materiales impresos y juegos a comunidades, comenzó a recibir recomendaciones: ¿por qué no hacer una aplicación?, ¿por qué no desarrollar un videojuego?

Las propuestas lo hicieron dudar de su propia idea.

“Quizá lo que estoy pensando no está al nivel, no está a la altura, quizá no le estoy dando al clavo”.

Con el tiempo entendió que una aplicación podía sonar innovadora en Monterrey, pero no necesariamente resolver el problema que veía en Chiapas. Algunas de las comunidades con las que trabajaba no tenían acceso constante a Internet o electricidad.

Ángel decidió guardar algunas recomendaciones 'en un estante' hasta que llegara el momento adecuado. 

“No podía pasar de 0 a 100. Primero teníamos que sentar las bases con materiales didácticos impresos, juegos e iniciativas muy aterrizadas al contexto”.

Con los años, Kukulmat amplió su trabajo más allá de las matemáticas. Hoy desarrolla proyectos que conectan saberes ancestrales, educación y tecnología para preservar lenguas originarias y fortalecer las identidades locales, a través de materiales y experiencias educativas, formación de jóvenes y talleres comunitarios.

 

Personas reunidas al aire libre alrededor de elementos naturales y tradicionales durante una actividad de saberes ancestrales de Kukulmat.
Kukulmat también impulsa espacios para compartir conocimientos, tradiciones y saberes ancestrales entre comunidades y otros públicos. (Foto: cortesía Ángel Solís).

Los momentos que lo pusieron a prueba

El crecimiento de Kukulmat no fue lineal. La pandemia detuvo los talleres presenciales y el proyecto enfrentó una dificultad que se mantendría durante los siguientes años: encontrar una manera de sostenerse económicamente.

Probaron productos, buscaron financiamiento y participaron en convocatorias nacionales e internacionales. 

Durante los primeros intentos, muchos resultados fueron negativos: no estaban en la etapa correcta, les faltaba algún requisito o el proyecto todavía no demostraba la sostenibilidad solicitada.

Uno de esos procesos fue el Premio Eugenio Garza Sada, al que aplicaron durante 3 años antes de obtenerlo en 2024 con Yeex-Kukulmat, alianza entre su proyecto y el de Uriel Vega.

“Las primeras veces que aplicábamos era recibir muchos ‘no’, pero eso, lejos de frenarnos, fue lo que nos fue formando esa resiliencia”, relata.

 

Sin embargo, hubo ocasiones en las que los obstáculos lo llevaron a plantearse una pregunta más radical: ¿y si era momento de terminar Kukulmat?

El primer momento ocurrió cuando terminó la universidad. Como la primera persona de su familia en graduarse de una carrera profesional, sentía que debía ejercer como ingeniero y construir su propia trayectoria.

“Era muy pesado cargar con algunas etiquetas de decir: ‘tú eres esto, tú estudiaste esto y tienes que ser esto’”, reconoce.

Pero en lugar de abandonar el proyecto, decidió hacer lo contrario: renunció a su empleo estable para dedicar durante 6 meses todo su tiempo a Kukulmat. 

“Quería vivir esa aventura de 'desayunar, comer y cenar' mi proyecto”, describe.

Durante ese periodo formalizó la asociación civil, consiguió fondos y desarrolló nuevas alianzas. 

Pero sus ahorros comenzaron a agotarse y volvió a considerar dar por terminado el proyecto. Entonces comenzó a observar algo que cambió su decisión: las personas seguían pidiendo que el proyecto continuara.

“Ver que la gente realmente quiere el proyecto es ese momento en donde cambia esa mentalidad y dices: 'al final el proyecto ya no es mío, sino de la comunidad'”.

 

El logro de niñas y niños chiapanecos que reafirmó el camino de Kukulmat

En octubre de 2025, Kukulmat puso en marcha un programa de robótica con alrededor de 55 niñas y niños y 3 docentes de Zinacantán, Chiapas.

Antes de comenzar, Ángel les hizo una pregunta: ¿qué quieren ser cuando sean grandes?

Las respuestas se repetían entre maestra, policía o soldado. Algunos todavía no lo sabían.

Durante el programa, los estudiantes construyeron y programaron robots, diseñaron prototipos e investigaron cómo la arqueología ayuda a comprender la historia a través de los objetos. Con esos aprendizajes se prepararon para participar en FIRST LEGO League.

Uno de los equipos formados durante el programa avanzó a la competencia nacional en Monterrey.

“Hicimos hasta lo imposible para poder llevarlos”, destaca Ángel.

 

Estudiantes de Zinacantán, Chiapas, muestran su pase a un evento internacional de robótica junto a integrantes de Kukulmat.
Estudiantes de Zinacantán, Chiapas, consiguieron un pase a un evento internacional tras participar en un proyecto de robótica impulsado por Kukulmat. (Foto: cortesía Ángel Solís).

El viaje tenía un significado especial para él. Años atrás, Ángel había salido de Chiapas hacia Monterrey para estudiar en el Tec. Ahora recorría ese camino junto con niñas y niños que viajaban para seguir aprendiendo.

En la competencia nacional, el equipo consiguió uno de los dos pases para representar a México en la etapa internacional. Aunque el viaje no se concretó, el crowdfunding (financiamiento colectivo) permitió adquirir equipo tecnológico para continuar su aprendizaje.

Al terminar la experiencia, Ángel volvió a hacerles la misma pregunta: ¿qué quieren ser cuando sean grandes?

Esta vez escuchó respuestas distintas: médico, ingeniera, pintor.

“Fue algo mágico (…) Para mí fue ese momento culminante del proyecto (…) ‘¡Wow! Lo que estamos haciendo realmente vale la pena’”.

 

Su camino también transformó a su propia familia

Los cambios que provocó Kukulmat también llegaron a la familia de Ángel.

Su mamá, quien no había terminado la primaria cuando él salió de Chiapas, retomó sus estudios y concluyó la primaria y la secundaria. También estudió formalmente tzotzil, lengua de los abuelos de Ángel, que había dejado de utilizarse entre las siguientes generaciones de su familia.

Su abuela, por su parte, abrió las puertas de su casa para convertirla en un centro cultural, donde se realizan actividades relacionadas con los conocimientos y tradiciones de la comunidad.

Mientras algunos de los cambios que generó Kukulmat ya son visibles en su propia familia, Ángel sabe que otros tomarán más tiempo.

En 10 años, aquellos niños y niñas que participaron en el proyecto de robótica estarán en edad universitaria. Ángel quiere saber qué será de ellos, si continuarán estudiando y si alguno será, como él, la primera persona de su familia en llegar a la universidad. 

“Con raíces sólidas, puedes florecer a tu ritmo”, concluye el EXATEC.

 

Ángel Solís junto a sus padres.
Ángel junto a sus padres, durante la ceremonia de entrega del Premio Eugenio Garza Sada en 2024. (Foto: Kevin Chaires).

 

 

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