Rafa Márquez sabe lo que significa ser líder: fue el capitán de México en 5 mundiales; uno de los capitanes de FC Barcelona y entrenador del Barça Atlètic.
En su primera conferencia desde su nombramiento como director técnico de la selección mexicana de futbol, el exjugador compartió algunas de las historias que marcaron su forma de liderar.
Habló de su infancia jugando futbol, de la noche en que llamó llorando a su mamá porque quería regresar a casa; de lo que aprendió del liderazgo de Ronaldinho y Carles Puyol, compañeros en el Barcelona, y de los jóvenes que dirigió en el equipo catalán.
También compartió uno de los momentos más difíciles de su carrera y cómo esas experiencias le enseñaron a liderar y a sacar lo mejor de quienes están a su alrededor.
1. Sus primeros maestros estuvieron en casa
“Mi historia, como la de todos, comienza soñando”. Para Rafa Márquez, ese sueño comenzó en Zamora, Michoacán, y estuvo marcado desde pequeño por dos figuras: su mamá y su papá.
Su mamá era enfermera pediatra del IMSS, y Rafa veía el cariño que recibía de los niños y sus familias por la atención que les daba.
Camino a la escuela también solían cruzar un pequeño mercado donde vendedores indígenas ofrecían aguacates y otros productos, su madre compraba y dejaba el cambio.
“Eso para mí eso dejó una marca. Hay que intentar siempre, con lo que tengamos, poder ayudar a los demás”.
De ella también aprendió la humildad, un valor que años después, ya en Europa, lo llevó a involucrarse en el apoyo a distintas fundaciones.
Su papá había sido futbolista y después se convirtió en entrenador. Rafa creció hojeando los álbumes donde guardaba recortes de su carrera y soñando con algún día seguir sus pasos.
Incluso llegó a tenerlo como entrenador, en esos entrenamientos aprendió de él que: “Si vas a hacer algo, hazlo bien, haz lo mejor que puedas”.
2. A los 14 años quiso volver a casa
A los 14 años, Rafa Márquez dejó Zamora para irse a jugar a la ciudad de Guadalajara. El Atlas había seleccionado a 10 jóvenes para hacer pruebas durante 3 días, él era el menor.
Al terminar, recibió la noticia que esperaba: querían que se quedara. Sus padres aceptaron con la condición de que siguiera estudiando.
Pero estar ahí no fue como lo había imaginado. Vivía en una casa con otros jóvenes y mientras esperaba una oportunidad con el equipo, pasó semanas ayudando en los entrenamientos de los porteros.
Entrenaba por la mañana, iba a la secundaria, regresaba a hacer la tarea, lavaba su ropa y por las noches cenaba “una sopa de calcetín que era horrible”.
Una noche esperó a que los demás estuvieran dormidos para llamar a su casa. Extrañaba a sus padres y quería regresar a casa.
Le marcó llorando a su mamá y ella le respondió: “Usted quería esto. Así que haga lo que tenga que hacer para conseguir lo que usted se propuso desde un inicio. Así que no me ande lloriqueando”.
Rafa se quedó. Con los años, aquella llamada tomó otro significado.
“Es lo bueno a veces de tener gente que te está apoyando, que cree en ti más que tú”.
Poco después comenzó a subir de categoría y a los 17 años debutó en Primera División.
3. Ronaldinho y Puyol: dos formas de ser líder
En el Barcelona, Márquez compartió vestidor con el brasileño Ronaldinho y el español Carles Puyol, dos jugadores en los que encontró formas muy distintas de ejercer el liderazgo.
Ronaldinho lo hacía desde su alegría, su talento y la confianza que transmitía al equipo, incluso cuando las cosas iban mal.
Cuando el Barcelona iba abajo en el marcador, recuerda que el brasileño pedía el balón: “Dénmela a mí, dénmela a mí, que yo resuelvo el partido”. Y lo hacía.
Para Márquez, esa capacidad de asumir la responsabilidad en los momentos complicados también era una forma de liderar.
Puyol era distinto. Exigía constantemente a sus compañeros, pero también se exigía a sí mismo. “
Nos exigía porque él se exigía, porque él nos mostraba, porque él hacía, porque él siempre estaba enfrente, porque él siempre estaba atrás cuando lo necesitábamos”.
Por ejemplo, durante un partido, lanzaron un encendedor al campo y uno de los jugadores quiso mostrárselo al árbitro. Puyol se acercó, se lo quitó y le pidió que se dedicara a jugar.
Para Rafa, esa acción hablaba de integridad, uno de los aprendizajes que se llevó de sus 7 años en el Barcelona, donde además se convirtió en el primer mexicano en ganar una Champions League.
“El liderazgo para mí es más que sacar el máximo rendimiento de cada uno de los que tenemos alrededor”.
4. Como entrenador aprendió a confiar en sí mismo
Cuando Rafa recibió la oportunidad de dirigir al Barça Atlètic acababa de terminar su preparación como entrenador y no tenía claro si estaba listo para asumir el reto.
“Ahí es donde también aprendí que uno tiene que confiar en lo que es, en lo que tiene. Aún no sé si está preparado o no, pero hay que tomar las oportunidades así como son”.
Ya como entrenador, tuvo frente a él a jóvenes de entre 16 y 21 años que estaban muy cerca de cumplir el sueño de llegar al primer equipo, literalmente, los separaban unos 80 metros.
Algunos ya comenzaban a ganar dinero y tener cierta fama, y Rafa veía que un día entrenaban al máximo y al siguiente no.
Entonces, les recordaba lo cerca que tenían lo que buscaban:
“Ustedes quieren llegar a 80 metros ahí, ¿quieren ser parte de eso? ¿Qué van a hacer hoy para intentar conseguir llegar allá?”
Varios de esos jóvenes terminaron llegando al primer equipo, algo que para el ahora entrenador del Tri significó “una satisfacción enorme”.
5. El momento que puso a prueba su actitud
En 2017, Rafa Márquez fue señalado por el gobierno de Estados Unidos por presuntas actividades ilícitas.
Sus cuentas fueron bloqueadas y perdió patrocinios, entre ellos el de Nike, una marca que lo había acompañado durante buena parte de su carrera.
Durante las primeras semanas casi no salió de casa. “Estaba deprimido, no quería salir, no quería hacer nada”. También vio cómo algunas personas que habían estado cerca comenzaron a alejarse.
Hasta que un día decidió que no podía seguir así: “¿Qué estoy haciendo? No tengo nada que esconder. Yo tengo que salir, tengo que seguir haciendo mi vida”.
Esa noche fue a cenar con su esposa a uno de los restaurantes que frecuentaban. Cuando pidió la cuenta, el dueño se negó a cobrarle. Después, personas de otras mesas comenzaron a enviarles cosas y a acercarse para ofrecerle apoyo.
“Eso no se paga con nada, eso realmente es todo lo que hiciste detrás, toda la conexión, todo el liderazgo, todo el sacrificio, el sueño”.
Esa experiencia reforzó una idea que hoy considera clave: “La actitud es una pequeña cosa que hace la gran diferencia”.
Para explicar el peso que tiene la actitud, Rafa retomó una fórmula: Valor = (Conocimiento + Habilidades) × Actitud.
El conocimiento representa lo que sabes y tu preparación; las habilidades, tu experiencia y talento. Pero es la actitud la que multiplica ambas.
“La actitud es demasiado poderosa, transformadora”.
Por eso, al final de su conferencia, sus últimos 3 consejos fueron en realidad uno: “Actitud positiva, actitud positiva y siempre actitud positiva”.
Un espacio para conectar a la comunidad EGADE
Rafael Márquez es considerado como uno de los mejores jugadores mexicanos de todos los tiempos.
Como defensa central y mediocampista, inició su carrera con el club mexicano Atlas y posteriormente triunfó en Europa con el Mónaco y, especialmente, con el FC Barcelona, donde conquistó cuatro Ligas españolas y dos UEFA Champions League, convirtiéndose en el primer mexicano en ganar este último torneo
La conferencia de Rafa Márquez formó parte de la Reunión Anual de Egresados EGADE Business School 2026 del Tec de Monterrey, que reunió a EXATEC EGADE para fortalecer los vínculos de su comunidad y generar nuevos espacios de conexión, en campus Santa Fe.
Para Horacio Arredondo, decano de EGADE Business School, el encuentro refleja un trabajo que la institución ha impulsado durante los últimos años.
“Es un momento que muestra lo que ya hace varios años estamos trabajando, que es multiplicar el impacto de esta red de egresados”.
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