Martín Arreola nunca planeó ser parte de la compañía del Tec de Monterrey, mucho menos bailar, pero había ido a acompañar a unos amigos y, por juego, terminó audicionando con ellos.
Ese día se formó hasta atrás, donde solo veía el cabello de la coreógrafa. Cuando llegó su turno de pasar al frente, tuvo que admitirlo: no se había aprendido nada. Pero, le dijeron que improvisara.
Y lo hizo. Recurrió a lo que sabía de gimnasia, algunos movimientos de breakdance y salió de ahí convencido de que aquello había sido solo una anécdota. Hasta que publicaron los resultados: había quedado.
Veinte años después, aquel joven que aseguraba que el teatro no era lo suyo ha construido una carrera alrededor de los escenarios: ha sido bailarín, actor, cantante, escritor y, finalmente, director.
Una de sus obras de teatro Mictlán, construida a partir de poesía prehispánica, fue nominada a 5 premios en los BroadwayWorld Los Angeles Awards 2024 y una de las nominaciones a mejor director fue para Martín Arreola.
Del baile a escribir sus propias historias
Después de quedar como bailarín en la compañía de PrepaTec Laguna, descubrió que sí le gustaba. De hecho, que de aquel grupo de amigos que fue a audicionar, fue él quien terminó quedándose.
Y poco a poco comenzó a ganar espacio en el escenario, primero llegó la oportunidad de decir una frase, luego, de tener un diálogo completo y hasta cantar una canción. Cuando los proyectos de la compañía ya no fueron suficientes para sus ganas de seguir actuando, comenzó a escribir los suyos.
En Torreón, hace 20 años, había pocos lugares donde aprender teatro, así que comenzó a buscar las respuestas en la biblioteca de su campus.
Recuerda que leyó todos los libros de teatro y cine. Leía sobre autores, técnicas y obras. Ahí también comenzó a escribir sus monólogos. Con el tiempo, aquel espacio se convirtió en lo que él llama “una especie de cunita” para su carrera.
"Esa biblioteca tiene un vitral hermoso en el cuarto piso con el que es imposible no inspirarse”.
Las horas en la biblioteca pronto comenzaron a traducirse en varias puestas en escena.
Ya como estudiante de profesional, el EXATEC escribió un monólogo con el que participó en el primer concurso de monólogos del Tec, cuando todavía no se llamaba VIBRART y llegó hasta la etapa nacional, donde obtuvo el tercer lugar.
Casi al mismo tiempo, una tarea de su clase de publicidad terminó entre las 20 propuestas seleccionadas a nivel nacional en un concurso de Doritos.
Para Martín Arreola, aquellos resultados significaron algo más que 2 reconocimientos: también ayudaron a que sus papás comenzaran a ver que su interés por el arte podía convertirse en un camino profesional.
“Esto es lo que quiere hacer, a lo mejor puede encontrar una ruta, y no le va mal”, recuerda que decían sus papás.
Descubrió que no quería ser actor
El egresado del Tec buscaba aprender todo lo que podía, cada fin de semana viajaba a la Ciudad de México para estudiar guionismo cinematográfico en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).
Tomaba un camión, asistía al curso y regresaba a Torreón para continuar con sus estudios.
Durante ese curso se enteró de una convocatoria para tomar un conservatorio impartido por profesores de Inglaterra en la ciudad de Aguascalientes.
Aplicó, quedó y, después de 2 semanas de entrenamiento, recibió una invitación para continuar su preparación durante un año en Londres con una beca. Pero para hacerlo tendría que pausar temporalmente sus estudios en el Tec.
Sus papás aceptaron con una condición: podía seguir explorando ese camino, pero debía terminar una carrera profesional.
En Londres cursó un diploma en drama avanzado y conoció más de cerca cómo funcionaba la industria. Ahí comenzó a cuestionarse algo que hasta entonces parecía natural: quizá su lugar no estaba en la actuación.
“Creo que yo no soy actor”, recuerda haber pensado. Más que esperar a que llegara un casting, Martín Arreola quería crear y generar sus propios proyectos.
Al regresar a Torreón comenzó a acomodar las piezas. Quería seguir estudiando, pero también estar en un lugar que le permitiera desarrollarse en lo artístico.
Encontró esa posibilidad en campus Guadalajara, donde podía estudiar Comunicación, una carrera con un fuerte componente de cine.
Consiguió una beca cultural y comenzó una nueva etapa en la que podía combinar sus estudios con su participación en los proyectos de Arte y Cultura.
Fue en Guadalajara donde las piezas que había acumulado durante años comenzaron a acomodarse. Mientras cumplía con su beca como actor, observaba a los directores, ponía atención a sus decisiones y aprendía de ellos.
Como estudiante, aprovechaba las cámaras, estudios y salas de edición para hacer webseries, cortometrajes y comerciales. Entonces empezó a entender para qué le había servido todo lo que sabía:
“He bailado, entiendo muy bien al bailarín, le puedo hablar en su idioma. He tocado música, entiendo al músico, entiendo al cantante y entiendo la estructura dramática. Creo que eso es dirección”.
El Tec le dió su primera oportunidad como director
Dos meses después de graduarse, Arreola regresó al Departamento de Arte y Cultura del Tec para agradecer las oportunidades que había tenido como estudiante.
Antes de irse, le dijo a Juan Vila, entonces director del área, que si algún día necesitaban a alguien para escribir, podía contar con él.
La oportunidad apareció ahí mismo. Le entregaron unos catálogos con la obra del pintor y escultor jalisciense Ismael Vargas y le pidieron escribir el guion para un homenaje que preparaba el Tec.
Aceptó. Entrevistó al artista, escribió el libreto y, cuando lo entregó, preguntó ¿quién va a dirigir?, para estar en contacto en caso de cualquier duda.
La sorpresa fue que aún no había director y le ofrecieron dirigirla.
Cuando comenzó con las audiciones, el EXATEC tenía un reto, era joven y ahora debía dirigir también a profesionales con mucha más experiencia que él. Así que les dijo:
“Yo sé que hace no mucho estuve aquí y sigo estando aquí con ustedes, pero necesito que me escuchen, necesito que me den el voto de confianza”.
Y en esa primera experiencia aprendió que: “esto se trata de preparación, no se trata de decir qué hacer, se trata hacer tu tarea y venirla a exponer a un grupo de gente que va a confiar en ti”.
Esta primera obra lo llevaría a dirigir varias producciones teatrales del Tec.
De Guadalajara a los escenarios de Estados Unidos
Ya como parte del Tec, apareció una nueva pregunta: ¿y si llevaban una de sus historias fuera de México?
La propuesta llegó de Cristina González, también EXATEC y con quien Martín había trabajado desde sus años de estudiante. Ella había estudiado en el Art of Acting Studio de Los Ángeles y conocía un festival al que podían enviar un proyecto.
“¿Y si participamos? ¿Y si hacemos algo? A ver qué pasa”, recuerda Arreola.
Así llegó Mictlán, una obra construida a partir de poesía prehispánica que reflexiona sobre el propósito de la vida: qué queremos hacer con el tiempo que tenemos.
La propuesta fue seleccionada entre alrededor de 400 obras para recibir uno de los 10 apoyos de producción del festival de Hollywood. Y terminó con funciones agotadas y nuevas invitaciones para presentar la obra.
Una de ellas los llevó hasta Nueva York, donde Mictlán se presentó en un festival Off-Broadway.
“¿Cuándo me hubiera imaginado que de la biblioteca, íbamos a llegar acá?, ¡qué locura!”, recuerda.
La historia de Mictlán no terminó ahí. En 2026 recibieron una nueva invitación para abrir un festival en California y decidió ampliar aquella primera versión.
El reto era hacerlo desde Guadalajara y prácticamente al mismo tiempo que dirigía la obra La Ratonera en el Tec campus Guadalajara. Por las mañanas trabajaba en una producción y por las tardes, en la otra. Entre ambos estrenos había apenas unos días.
Dirigir a distancia significó revisar ensayos en video, tener reuniones constantes y anticipar problemas antes de llegar a California. Las jornadas se extendieron de lunes a domingo y terminaron convirtiéndose, dice, en una prueba de resistencia física y mental.
¿Quieres vivir del arte? 5 consejos de Martín Arreola
1. Si todavía no sabes qué quieres, prueba
A Martín Arreola le tomó años de experimentar, tomar decisiones y equivocarse. Para él, esas experiencias son precisamente las que ayudaron a descubrir qué quería hacer.
“Si no lo sabes, equivócate, pero prueba cosas”.
2. Cuando encuentres lo tuyo, abrázalo
Para el EXATEC, una vocación no siempre aparece como una decisión consciente. A veces ocurre mientras haces otras cosas, como le pasó a él con aquella audición a la que entró jugando.
“De repente hay algo que te abraza y dices: ‘esto es lo mío’, y te emocionas y sientes algo por dentro”. “Eres una especie de efecto de algo que te elige, te toma”.
3. Elige cuál será tu reto
Construir una carrera en el arte no siempre tiene una ruta establecida. Arreola cree que, si el camino que quieres seguir no existe, tendrás que construirlo con disciplina y constancia.
“Todo está bien difícil, entonces elige cuál va a ser tu difícil”.
4. Para vivir del arte, también tienes que aprender a gestionarlo
Para el director teatral una carrera artística también funciona como un emprendimiento: hay que entender de finanzas, mercadotecnia, ventas, personas y administración.
“Todos los departamentos también existen en tu carrera artística”.
5. Si no existe el camino, constrúyelo
En el arte, como en muchas profesiones, asegura, hay que construir el camino.
“Si no existe un trayecto claro, vas a tener que construirlo”.
Del teatro al cine
El egresado Tec todavía tiene muchas historias guardadas. Algunas, incluso, nacieron frente a los vitrales de la biblioteca de campus Laguna.
Pero hay un territorio que todavía quiere explorar más: el cine.
Actualmente trabaja en el desarrollo de historias que puedan llegar a la pantalla grande, aunque tampoco significa dejar atrás el teatro.
“Es simplemente que cada historia exige un formato distinto”.
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