Con la coreografía Fatiga: La sociedad del cansancio, estudiantes del Tec Campus León obtuvieron el primer lugar en la categoría de Danza Moderna durante VIBRART 2026, el festival nacional de Arte y Cultura del Tecnológico de Monterrey.
Por Fernanda Portillo - 29/06/2026
Tiempo estimado de lectura:6 mins

Todo comenzó con una idea: convertir el cansancio en movimiento.

Esa idea dio origen a Fatiga: La sociedad del cansancio, una coreografía creada por el equipo de Danza Moderna del Tecnológico de Monterrey campus León tras más de un semestre de trabajo.

Inspirada en una reflexión sobre la autoexigencia, la obra obtuvo el primer lugar en Danza Moderna durante VIBRART 2026, el festival nacional de Arte y Cultura del Tecnológico de Monterrey.

La edición 2026 se realizó en el Campus Estado de México, donde estudiantes de los 27 campus presentaron sus propuestas en disciplinas como danza, música, teatro, cine, literatura y artes visuales. Fue ahí donde Campus León consiguió el máximo reconocimiento en Danza Moderna dentro de Tec Dance.

Durante más de un semestre, seis estudiantes transformaron una reflexión en una historia contada con el movimiento.

Fatiga: La sociedad del cansancio, Danza Moderna
Presentación de Fatiga: La sociedad del cansancio en VIBRART 2026. Foto: Cortesía

Una historia que nació de la autoexigencia

La idea surgió de Paulina Sánchez, coreógrafa del equipo. Mientras buscaba el concepto para una nueva propuesta, encontró en el libro La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han, una reflexión con la que todas se sintieron identificadas.

 

“Nos dimos cuenta de que todos vivimos en un círculo de autoexigencia.”

 

A partir de esa idea comenzó un proceso creativo que evolucionó durante meses. Cada ensayo representaba una oportunidad para replantear la obra, modificar movimientos y fortalecer la narrativa hasta encontrar la forma de transmitir un mensaje con el que tanto el equipo como el público pudieran conectar.

En ese proceso apareció uno de los elementos más representativos de la coreografía: un maletín que acompañó la puesta en escena y se convirtió en parte de la historia que el equipo quería contar.

Más que representar una idea, Fatiga buscaba abrir una conversación sobre una realidad compartida por muchas personas: vivir bajo un ritmo constante de exigencia.

 

Una obra que también se construyó fuera del escenario

La versión de Fatiga que obtuvo el primer lugar no era la misma que el equipo presentó meses antes en la etapa local.

Durante más de un semestre, la coreografía cambió una y otra vez. Se ajustaron transiciones, se replantearon escenas y cada detalle fue afinándose conforme avanzaban los ensayos.

El trabajo también implicó encontrar tiempo donde parecía no haberlo. Además de entrenar hasta dos horas al día, las integrantes organizaban ensayos durante fines de semana y adaptaban sus horarios entre clases, proyectos y actividades personales.

Coordinar a seis personas con rutinas distintas terminó siendo uno de los mayores retos del proceso.

 

“Fue un equipo muy unido y eso nos ayudó muchísimo a crecer”, compartió Miranda Gutiérrez.

 

Esa confianza terminó reflejándose sobre el escenario.

“Nunca había sentido tanto a mi equipo bailando. Aunque no las veía, sabía que estaban ahí. Mientras yo dejaba todo, sabía que ellas también lo estaban haciendo”, recordó Regina Rocha.

 

El escenario cambió las reglas

Llegar a VIBRART significaba enfrentarse a algunos de los mejores equipos de danza del Tecnológico de Monterrey. Después de más de un semestre de trabajo, el escenario era el lugar donde todo debía salir como lo habían ensayado.

No ocurrió así. Desde la primera presentación apareció un reto inesperado: el piso estaba resbaloso. Mientras avanzaba la coreografía, la concentración dejó de estar únicamente en interpretar Fatiga. Ahora también había que mantenerse de pie.

Pensamientos como “no te caigas”“ten cuidado” comenzaron a acompañar cada movimiento. En lugar de disfrutar el momento, el equipo intentaba resolver un problema sobre el escenario.

A pesar de ello, Campus León consiguió su pase a la final.

Con una nueva oportunidad por delante, las integrantes hicieron lo que habían repetido durante todo el proceso creativo: adaptarse. Ajustaron marcajes, ensayaron descalzas y buscaron una alternativa que les permitiera recuperar la seguridad sobre el escenario.

La solución apareció donde menos la esperaban.

Coca-Cola.

Aplicarla en las calcetas les dio la adherencia suficiente para volver a confiar en cada paso y concentrarse nuevamente en lo más importante: contar su historia.

Hoy recuerdan esa anécdota entre risas, pero también como un reflejo de la manera en que enfrentaron todo el proyecto: encontrar juntas una solución cada vez que algo no salía como esperaban.

 

Presentación Fatiga en VIBRART 2026
Presentación de Fatiga: La sociedad del cansancio en VIBRART 2026. Foto: Cortesía

Cuando cambió la meta

Durante varios años, el objetivo de Campus León había sido llegar a la final de VIBRART.

Cuando finalmente escucharon su nombre entre los equipos clasificados, sintieron que habían alcanzado la meta que generaciones anteriores habían perseguido.

Fue entonces cuando la presión cambió de lugar. Ahora solo quedaba bailar.

“Cuando pasamos a la final y logramos ese objetivo sabíamos que lo que venía era disfrutar y realmente explotar todo lo que habíamos trabajado”, recordó Regina Rocha.

La última presentación dejó de sentirse como una competencia. Era el momento de compartir una historia que habían construido durante meses y disfrutar el escenario desde un lugar distinto.

Más allá del primer lugar

Cuando anunciaron el resultado, el primer lugar representó mucho más que un reconocimiento nacional.

Al pedirles que resumieran la experiencia en una palabra, ninguna habló de la medalla.

Para Miranda Gutiérrez y Regina Rocha fue orgullo, por demostrar que Campus León podía alcanzar una meta que durante años parecía lejana.

Para Julia Arreola fue fuerza.

“Mucha gente no confiaba en nuestro proyecto. Demostrar quiénes éramos y hacerlo ganando fue un acto de muchísima fuerza.”

Renata García encontró otra manera de describirlo: admiración propia.

“Siempre admiras a quienes ganan un premio así. Vivir el momento en el que tú logras lo mismo cambia completamente la perspectiva.”

Ese cambio de perspectiva también quedó resumido en una frase que hoy acompaña el recuerdo de la competencia.

“Saber que fuimos mejores que los mejores.”

Después de meses de ensayos, cambios y decisiones compartidas, todas coincidieron en una misma idea.

 

“Este triunfo fue por y para nosotras; por todo el sacrificio de cada una, por cada pedacito gigante que todas dejamos. Por eso ganamos.”

 

Una historia que encontró su lugar

Fatiga nació como una reflexión sobre la autoexigencia y el cansancio.

Con el paso de los meses se convirtió también en la historia de un equipo que aprendió a adaptarse, a confiar y a construir una propuesta desde el trabajo colectivo. 

Cada ensayo, cada cambio en la coreografía y cada reto que apareció en el camino terminó formando parte de la presentación que llegó al escenario nacional.

Presentación de Fatiga: La sociedad del cansancio en VIBRART 2026. Foto: Cortesía
Presentación de Fatiga: La sociedad del cansancio en VIBRART 2026. Foto: Cortesía

El primer lugar en VIBRART 2026 reconoció una coreografía de unos cuantos minutos.

Pero detrás de ella quedaron más de un semestre de trabajo, cientos de horas de ensayo y seis estudiantes que decidieron convertir una reflexión en movimiento.

Antes de convertirse en la coreografía que llevó a Campus León al primer lugar nacional en Danza Moderna, Fatiga fue una idea, un proceso y un equipo que decidió contar una historia desde el movimiento. 

El resultado fue una obra que no solo conquistó el escenario, sino que dejó claro que las historias más poderosas son aquellas que primero se viven y después se comparten.

 

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