Más de 230 plantas nativas, entre florales, arbustos y árboles, fueron colocadas en un espacio del Tec Guadalajara, para formar un microbosque capaz de regenerar funciones ecosistémicas en 5 años.
El proyecto nace del C+Lab, iniciativa del Tec que suma docencia, investigación e incidencia en entornos urbanos, para fomentar la sostenibilidad y la innovación.
La metodología elegida fusiona el enfoque Miyawaki con el diseño regenerativo. El proyecto recibió a su vez financiamiento de Ruta Azul (también iniciativa ambiental del Tec), a través de la convocatoria de Campus Vivo (que impulsa diversas propuestas locales).
A su vez, recibió apoyo de Zaida Muxi, Faculty of Excelence de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) y de la firma local de Arquitectura del Paisaje “Taller Bac”. Con recursos asegurados, la propuesta escaló en febrero de 2026 cuando 200 estudiantes de arquitectura participaron en un taller para codiseñar el microbosque.
La intención: monitorear, documentar y replicar mientras se transforma el espacio en cuestión. Posteriormente, el proceso se traducirá en que el equipo preparará evidencias para un posible artículo académico que combine metodología pedagógica e indicadores ambientales.
Replicar bosques naturales
El microbosque tendrá 3 estratos: cubresuelos, arbustos y árboles de talla grande. Esta estructura replica cómo funcionan los bosques naturales. A partir de esto, el equipo seleccionó especies que coexisten con los ecosistemas relacionados con el campus, como el Bosque La Primavera, El Diente o la Barranca del Río Santiago.
La lista de plantas y árboles incluye:
- Pino
- Encino
- Agave nativo
- Guajes
- Tepeguajes
- Mezquites
- Guamúchiles y
- Zapote blanco.
María Elena de la Torre, profesora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) y coordinadora regional del C+Lab, impulsó esta estrategia tras 3 años de investigar el diseño regenerativo en el Bosque de la Primavera, en Jalisco.
"Cuando plantas las especies nativas que coexisten en las áreas naturales de forma muy compacta, funcionan como una comunidad".
Además, el proyecto fue posible gracias al apoyo de Planta Física del Tec Guadalajara, en especial de Susana Arteaga y la experta del vivero y jardines del campus, Lilían Loera, así como el equipo de jardineros.
De la Torre comentó que algunas piezas fueron donadas por el Bosque de la Primavera; otras proceden de Oyamel y "Plantas de Aquí", viveros locales que reproducen árboles y plantas nativas. El objetivo es que la densidad del microbosque sea de 3 a 5 plantas por metro cuadrado.
"Cuando plantas las especies nativas que coexisten en las áreas naturales de forma muy compacta, funcionan como una comunidad; nutren el suelo", explicó la académica.
Además, aseguró que la expectativa es que en 5 años la densidad de arbolado alcanzará talla suficiente para generar funciones ecosistémicas: ser habítat de seres vivos, limpiar el aire y crear nuevos paisajes. Hasta entonces, el proyecto será laboratorio de observación constante.
Recrear ecosistemas
“Lo que necesitamos es regenerar los ecosistemas y aprender a trabajar con la naturaleza para que vuelva a sus funciones ecosistémicas”, explicó De la Torre.
La iniciativa surgió en 2022 en la Concentración en Diseño Regenerativo del Tec Guadalajara. Tras 3 años de investigar sobre el Bosque de la Primavera generaron una sensibilidad sobre qué es un bosque nativo y cómo funciona.
De la Torre leyó sobre bosques Miyawaki y halló similitudes con su enfoque: recrear ecosistemas en espacios pequeños usando especies nativas.
En febrero de 2026, el departamento de Arquitectura, junto con la Sociedad de Alumnos de dicha carrera, convocó a estudiantes a través de un taller vertical (sesiones intensivas que resuelven retos planteados al inicio de la actividad), en el que participaron 200 alumnos.
El invitado fue un paisajista de Urbam EAFIT, universidad privada de Medellín, Colombia, especialista en diseño y creación de paisajes. Así comenzó el proceso de diseño que permitió conceptualizar y materializar el microbosque.
Futuro del proyecto
El equipo documentará el proceso para contar con evidencias de los beneficios que puede aportar la creación de nuevos ecosistemas, con el fin de explorar su escalabilidad.
Para la sistematización de evidencias, se contará con el apoyo de “Tutores de Resiliencia”, una organización social que promueve bosques nativos en comunidades vulnerables.
El resultado será metodología híbrida, pedagógica y científica. La profesora añadió que la revisión de papers publicados reveló que aún hay una amplia área de oportunidad en relación con la evidencia de que los bosques Miyawaki regeneren ecosistemas.
De la Torre construirá indicadores específicos para medir lo que otros no midieron: crecimiento, reproducción vegetal, servicios ecosistémicos generados. Si fracasa en algo, el paper lo documentará también.
El proyecto busca ser parte de una red internacional de Universidades Vivas para el intercambio de prácticas y evidencias en experiencias de renaturalización de espacios.
Laboratorio vivo
Estudiantes y profesores son parte del monitoreo: documentarán el proceso en video y la transformación del espacio será visible y registrada. Además, De la Torre incorporará el microbosque a sus clases como laboratorio vivo.
La invitación a sumarse a esta iniciativa está abierta a la comunidad estudiantil del campus, ya que la académica afirmó que el proyecto escalará si personas de distintas áreas suman esfuerzos.
Según de la Torre, en 5 años, “el campus habrá cultivado no solo un bosque, sino una metodología replicable en universidades del país”.
"Todos somos aprendices. Aprendimos sobre la marcha y eso es lo bonito de que se sumen de otras áreas. Si no saben, puedan trazar una ruta para sumarse al proyecto”, finalizó.
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