Por casi 3 décadas, la maestra Lilian Salazar ha acompañado a cientos de estudiantes de Arquitectura en el Tecnológico de Monterrey campus Ciudad de México.
Hoy esa trayectoria fue reconocida por el Congreso de la Ciudad de México con la Medalla al Mérito Docente, un reconocimiento que celebra su labor formando profesionistas comprometidos con construir espacios más inclusivos para todas las personas.
Aunque el reconocimiento llegó como una sorpresa para ella, asegura que representa mucho más que un logro personal.
"Sí me sentí muy honrada de haberlo recibido y también agradecida con el Tec, porque mi carrera se ha construido aquí", compartió la arquitecta.
Una trayectoria que abrió camino en la arquitectura
La historia de Lilian en el Tec comenzó antes incluso de entrar al aula.
Egresada del campus Monterrey, fue invitada a participar en la apertura de la carrera de Arquitectura en campus Ciudad de México, donde fungió como directora durante sus primeros 8 años.
Posteriormente, decidió dedicar su carrera de tiempo completo a la docencia, una labor que el próximo año cumplirá 3 décadas.
Sin embargo, hay un tema que marcó un antes y un después en su trayectoria: la inclusión.
Hace más de 20 años, cuando hablar de accesibilidad y diseño universal aún era poco común en la enseñanza de la arquitectura, Lilian decidió convertir ese tema en una de las bases de su práctica docente.
"Este premio llega por haber empezado con los temas de inclusión y de personas con discapacidad hace 20 años".
Fue precisamente esa visión pionera la que el Congreso reconoció al otorgarle la medalla.
"Este premio llega por esa razón, por haber empezado con los temas de inclusión y de personas con discapacidad hace 20 años, cuando todavía no se hablaba de eso", comentó Lilian Salazar.
Enseñar primero a comprender
Para Lilian, formar arquitectos va mucho más allá de explicar reglamentos o normas técnicas.
Antes de hablar de dimensiones, pendientes o accesibilidad, busca que sus estudiantes comprendan el impacto que tiene la arquitectura en la vida de las personas.
"El orden de los factores sí altera el producto. Primero, es necesario sensibilizar; después, enseñar la normativa”, resaltó la maestra de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD).
Para Lilian, solo así los futuros profesionistas entenderán que diseñar espacios incluyentes no es una obligación, sino una responsabilidad.
"Lo que les quiero enseñar, es la relevancia y el poder que tienen en sus manos de cambiar para bien la vida de las personas", explicó la arquitecta.
Un reconocimiento que comparte con muchos
Aunque recibió la medalla a título personal, Lilian tiene claro que este logro pertenece también a quienes han formado parte de su camino.
En primer lugar, lo dedica a las personas con discapacidad, quienes inspiraron gran parte de su labor profesional y le permitieron comprender la importancia de seguir construyendo una sociedad más incluyente.
También reconoce el respaldo del Tecnológico de Monterrey, de sus estudiantes y de su familia.
"El Tec me dejó abrir camino en un tema que hoy forma parte de la identidad de muchos de nuestros egresados. Este reconocimiento también les pertenece a ellos", expresó.
Una enseñanza que trasciende el salón de clases
Después de casi 30 años formando arquitectos, Lilian espera que el mayor aprendizaje que deje en sus estudiantes no sea únicamente académico.
Su propósito ha sido que cada proyecto comience con una pregunta sencilla, pero esencial, "¿quién podría quedar fuera de este espacio?"
Para ella, diseñar pensando en la diversidad significa crear ciudades, edificios y experiencias donde todas las personas puedan participar plenamente. Esa filosofía también resume su manera de entender la docencia.
"La diversidad enriquece".
"La diversidad enriquece", manifestó Lilian.
Y para ella, quizá esa sea la verdadera razón detrás de este reconocimiento, demostrar que, cuando la enseñanza pone a las personas en el centro, su impacto trasciende el aula y tiene el poder de transformar la sociedad.
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