Un año en Boston convirtió a Alessandra Chaparro y Brittany Garibay en investigadoras; hoy son graduadas de Biotecnología por el Tec campus Chihuahua
Por Juan José Flores Nava | Campus Chihuahua - 01/07/2026 Fotos Juan José Flores Nava, Cortesía de Alessandra Chaparro, Brittany Garibay
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Células cardíacas latiendo para mover un microrrobot. Tejido muscular sintético contrayéndose por primera vez en el microscopio. Éstas fueron las realidades científicas que Alessandra Chaparro y Brittany Garibay desarrollaron durante un año en sendos laboratorios de la Universidad de Harvard.

Era 2024 cuando ambas —estudiantes de Ingeniería en Biotecnología del Tec campus Chihuahua— tomaron una decisión inusual: pausar su reloj escolar para dedicar todo el año siguiente a una estancia de investigación en Boston, Estados Unidos.

"Son carreras, no carreritas", dice Brittany, quien junto con Alessandra no se arrepiente ni un poquito de haber retrasado un poco el fin de su carrera, pues ambas coinciden en que ese 2025 en el extranjero les permitió encontrar su verdadero norte y aceleró su vocación hacia el futuro.

Hoy, Alessandra y Brittany forman parte de ese grupo de la Generación Junio 2026 del Tec Chihuahua que celebra su graduación.

 

Alessandra Chaparro con su mentora Jihyun Lee, en la Escuela de Medicina de Harvard y el Brigham and Women’s Hospital.
Alessandra Chaparro (izq.) al lado de su mentora, Jihyun Lee, en la Escuela de Medicina de Harvard. Foto: cortesía de Alessandra Chaparro.

 

Micro-máquinas movidas por células vivas

En Boston, las ahora ingenieras trabajaron en la vanguardia de la medicina traslacional, esa disciplina que busca que los hallazgos científicos se "traduzcan" lo más rápido, seguro y eficiente posible en soluciones médicas reales para la salud humana.

Alessandra, graduada con Mención Honorífica, colaboró en el proyecto de la profesora Jihyun Lee, en la Escuela de Medicina de Harvard y el Brigham and Women’s Hospital, enfocado en el desarrollo de un robot con actuadores biológicos, una especie de micro-máquina donde los motores, en lugar de ser de metal, son células vivas

 

"Me emocionaba ver cómo latían los cardiomiocitos en el microscopio y cómo los investigadores logran mover materiales sintéticos con ellos".- Alessandra Chaparro.

 

El propósito es lograr que este dispositivo se mueva por sí solo dentro del cuerpo para llevar medicinas directo a un tumor o limpiar una arteria tapada. 

"Me emocionaba ver cómo latían los cardiomiocitos [células del corazón] en el microscopio y cómo los investigadores logran mover materiales sintéticos con ellos", relata Alessandra, quien sumó este hito a su perfil tras haber ganado una medalla de oro en París en la competencia internacional iGEM 2022.

Más allá de los protocolos y el rigor científico, el año en Boston encendió en Alessandra su verdadera vocación por la ciencia traslacional: "Entendí mi propósito de llevar la investigación básica del laboratorio a soluciones reales para pacientes reales", afirma.

 

Brittany Garibay en un laboratorio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.
Brittany Garibay en un laboratorio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. Foto: cortesía de Brittany Garibay.

 

Un tejido que cobra vida en el microscopio

Brittany, por su parte, se enfocó en el desarrollo de órganos en un chip (Organ-on-a-chip), una innovación que consiste en recrear réplicas en miniatura de músculos humanos para combatir enfermedades donde el tejido pierde volumen y ya no se regenera de forma natural.

Su momento cumbre ocurrió de madrugada: "Estaba tomando imágenes cuando vi que el mini músculo se contrajo por completo. Le hablé rápido a mi mentor y me dijo: 'No inventes, esto nunca me ha pasado'"

 

"Me gustaría enfocar mi carrera en áreas de investigación en salud que puedan trasladarse del laboratorio a aplicaciones clínicas reales". Brittany Garibay.

 

Tras implantar con éxito este tejido en ratones y comprobar su regeneración biológica, Brittany redactó la metodología del proyecto; hoy, su trabajo es parte de un artículo científico que se encuentra en revisión en la revista Nature Materials. Esta experiencia no sólo validó su esfuerzo, sino que consolidó su vocación hacia la industria farmacéutica

"Confirmé que me gustaría enfocar mi carrera en la biotecnología aplicada a la salud, particularmente en áreas de investigación, calidad y desarrollo de terapias innovadoras que puedan trasladarse del laboratorio a aplicaciones clínicas reales", afirma.

 

Alessandra Chaparro y Brittany Garibay con sus compañeros en Harvard.
Alessandra Chaparro y Brittany Garibay con el equipo de la Universidad de Harvard del que formaron parte. Foto: cortesía de Alessandra Chaparro.

 

De novatas a entrenadoras de nuevos investigadores

Eso sí, ni para Alessandra ni para Brittany el proceso fue miel sobre hojuelas. El aterrizaje en Boston supuso un enorme crecimiento, siempre bajo presión. Porque lejos de ser guiadas de la mano, como esperaban, se incorporaron a un ecosistema autónomo y de alta velocidad.

Al saber que colaboraban con investigadores internacionales, entendieron que las jornadas a veces terminaban a la medianoche o pasaban por encima de los días de descanso.

"Al principio fue muy complicado porque no entendía el proyecto, no salían los experimentos y existía la barrera del idioma", recuerda Brittany. Sin embargo, el arco de transformación de las chihuahuenses fue tal que pasaron de ser las estudiantes novatas a convertirse en las encargadas de entrenar a los nuevos investigadores.

 

"En Harvard nos enseñaban una técnica una vez y ya la teníamos que dominar nosotras solas". Alessandra Chaparro.

 

Para Alessandra, el desafío radicó en el contraste cultural con su mentora coreana, Jihyun Lee: "Nosotros, como mexicanos, somos más cálidos; podemos trabajar, platicar y hacer dinámica la jornada, pero ellos a veces son más fríos, serios y van hiperenfocados a lo que están haciendo; fue un choque de ambos mundos", explica.

A esa barrera cultural se sumó el peso de la autonomía absoluta en un modelo donde no hay segundas oportunidades para aprender: "Allá te enseñaban una técnica una vez y ya la tenías que dominar tú sola", recuerda. Pero resolver los imprevistos en tiempo real bajo mucha presión, lejos de vencerla, le dio una madurez que hoy se lleva al mundo profesional.

 

Brittany Garibay y Alessandra Chaparro en su graduación en el Tec de Monterrey campus Chihuahua.
Brittany Garibay (izq.) y Alessandra Chaparro durante su graduación como ingenieras en Biotecnología por el Tec de Monterrey campus Chihuahua.

 

De Boston a la comunidad Tec de Chihuahua

De regreso en Chihuahua, la prioridad de ambas fue compartir el fondo de su experiencia. Brittany volvió con la certeza de haber definido su rumbo. "Lo primero que quería contarle a mi familia era que lo logré, que logré terminar mi proyecto y que logré hacer un 'paper' que todavía no se publica", explica.

Para Alessandra, el regreso significó transmitir el aprendizaje humano obtenido en Boston. "Quedé fascinada con las personas que conocía allá", explica al detallar cómo la convivencia con sus compañeros de México y otros países expandió su perspectiva

A su familia le compartió ese contraste de trabajar junto a su supervisora coreana, Jihyun Lee, describiendo cómo el trato inicial, más frío y enfocado, dio paso a una relación de mentoría profunda. "Ella me enseñó a trabajar en el laboratorio. Todo el conocimiento que adquirí, al final del día, es gracias a ella", reconoce.

Ese proceso de aprendizaje concluyó formalmente, hace unos días, en la ceremonia de graduación, donde Alessandra y Brittany recibieron sus documentos junto a 110 graduados y graduadas de profesional y 14 de posgrado del Tec campus Chihuahua.

 

 

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