Estudiantes de distintos campus del Tec de Monterrey aplicaron sus conocimientos académicos en proyectos comunitarios de la Sierra Tarahumara, como parte de la vivencia Nírata 2026, un programa de inmersión cultural y servicio social del Tec Chihuahua.
Organizados en 3 grupos, los 12 alumnos inscritos este año diseñaron propuestas de reconfiguración arquitectónica y administrativa para la Cruz Roja de Bocoyna, impartieron talleres lúdico-formativos para niñas y niños en Sisoguichi y contribuyeron con el Centro de Desarrollo Alternativo Indígena (Cedain) en Creel.
No sólo eso: también crearon lazos de amistad entre ellos, se vincularon con socios formadores en la Sierra Tarahumara, convivieron con comunidades rarámuri y visitaron sitios emblemáticos como el Valle de los Monjes, el lago de Arareco, la cascada de Basaseachi y las Barrancas del Cobre.
Para Giovanna Malanco, estudiante de Ingeniería Industrial y de Sistemas del Tec Chihuahua, Nírata cambió el modo en qué veía las cosas. "Ahora soy más consciente y estoy más agradecida con todos los que me rodean", asegura.
Giovanna fue parte de los 5 estudiantes asignados para optimizar algunas de las labores de quienes, desde el Cedain, impulsan la seguridad alimentaria y la economía solidaria de comunidades indígenas. 4 integrantes de este equipo Tec nos hablan de su participación en Nírata.
Innovación técnica y apoyo a la comunidad
Javier Rovelo no había visitado nunca el norte del país. Estudiante de Ingeniería Mecatrónica del campus Estado de México, dice que gracias a Nírata pudo conectar de forma directa lo aprendido en las aulas con los problemas reales de la comunidad.
Durante su colaboración con Cedain observó que en la Sierra Tarahumara hay problemas por la falta de agua. Pudo conocer algunas de las estrategias que esta organización ha implementado para almacenar y captar agua de lluvia en poblados rarámuri. Como futuro ingeniero, ya visualiza mecanismos para hacerlas aún más eficientes.
Cedain es una asociación civil que surge en 2001 como respuesta a una emergencia alimentaria provocada, precisamente, por una sequía en la Sierra Tarahumara, según explica Francisco Santacruz, su director operativo en Creel.
"Mis compañeros y yo pudimos compartir lo que sabemos desde una postura de aprendizaje de la comunidad rarámuri".- Yunuén Muñoz.
Esta organización actúa bajo un modelo de empoderamiento comunitario que respeta usos y costumbres. Su programa insignia son los centros de trueque, donde intercambia artesanías por alimentos: "5 están en el municipio de Bocoyna y 10 más en otras localidades de la región, beneficiando a 850 familias artesanas".
Pero también impulsa proyectos como huertos de traspatio, apoyo y formación de productores locales (panaderías, talleres de costura, artesanías, etcétera), conservación del medio ambiente y la cooperativa Unión de Comunidades Rarámuri Sierra Tarahumara.
Aprendizaje mutuo e impulso artesanal
Yunuén Muñoz estudia Economía en el campus Ciudad de México y llegó a la Sierra Tarahumara porque buscaba una experiencia de servicio social con trabajo de campo, algo que le permitiera salir del entorno urbano en el que creció.
"Quería romper mi burbuja para conectar verdaderamente con comunidades indígenas. Y Nírata sobrepasó mis expectativas. Mis compañeros y yo pudimos compartir lo que sabemos no desde una postura de superioridad, sino de aprendizaje de la comunidad rarámuri y de sus formas de vida", afirma Yunuén.
"La idea es que usen las plantillas editables que les dejamos para que hagan publicaciones en redes sociales cuando nosotros ya no estemos".- Hannia Zúñiga.
Por ejemplo, Yunuén y sus compañeras realizaron dinámicas de integración y fortalecimiento de habilidades para las mujeres de algunos talleres de Cedain. Les tocó combatir el desánimo que algunas artesanas sienten por bajas ventas y aminorar la inseguridad sobre sus habilidades.
También se sumó a la actualización del catálogo comercial de la tienda de artesanías depurando artículos que ya no se vendían, a fin de optimizar la gestión de la tienda y de los productos de la marca Sekati, hechos por manos rarámuris.
El aporte multidisciplinario de los estudiantes
Aquí es donde el trabajo de Hannia Zúñiga y Giovanna Malanco se vuelve más significativo. Hannia, estudiante de Diseño del Tec campus Toluca, aportó un enfoque integral de comunicación e identidad visual, al que se sumó Giovanna.
Dado que la marca comercial de la tienda de Cedain (Sekati) no contaba con presencia digital, sus habilidades fueron clave en la creación de una cuenta oficial de redes sociales, en el diseño de un manual de identidad con plantillas editables y en la capacitación técnica del equipo local para la gestión del contenido.
"La idea es que usen las plantillas para hacer publicaciones cuando nosotros ya no estemos. También les dejamos post y reels de respaldo para que, ya que nos vayamos, puedan subirlos y darle continuidad a la difusión de la tienda", explica Hannia.
"Desde que vino el primer grupo de estudiantes les di mi palabra de que sus aportaciones serían implementadas. Y así lo hemos hecho".- Francisco Santacruz.
Todo el trabajo se hizo de forma interdisciplinaria. Giovanna y Javier, por ejemplo, mapearon el almacén para mejorar su administración. Mientras Hannia y Yunuén crearon un folleto promocional impreso para la tienda, con la ubicación física del local y códigos QR a la página web y a las nuevas redes sociales.
Esta colaboración se extendió a la casa de una familia rarámuri que se dedica a la elaboración de pan ranchero. Ahí, Giovanna, Yunuén, Javier y Hannia compartieron recetas para elaborar pizza y galletas en horno de leña, con el propósito de que la comunidad pueda usarlas para ampliar su oferta de productos.
El valor del trabajo universitario en el territorio
Este año, Nírata se realizó del 29 de junio al 31 de julio. Sin embargo, el eco que los estudiantes dejan en las comunidades no se esfuma con su partida. Francisco Santacruz, director operativo de Cedain, dice que cada visita representa una inyección de frescura, innovación y conocimiento técnico que fortalece la labor comunitaria.
"Desde que vino el primer grupo de estudiantes hace unos años les di mi palabra de que sus aportaciones serían implementadas. Y hasta ahorita, en la medida de lo posible, lo hemos hecho: lo que los estudiantes nos dejan lo utilizamos", sostiene.
Para él, ver que el trabajo no se queda en el papel y que los jóvenes mantienen el interés por la comunidad con el paso de los años es profundamente gratificante: "Que estén felices compartiendo con esta gente en este rincón del país, que a veces parece olvidado, es algo muy bonito", añade.
Múltiples campus unidos por un mismo objetivo
Pero lo mismo se puede decir del grupo que trabajó con niñas y niños de Sisoguichi, donde a través de dinámicas diarias los pequeños aprendieron sobre reacciones químicas, construyeron sus propios carritos con materiales reciclados y pusieron a prueba principios de ingeniería mediante carreras con imanes.
O del equipo que estuvo en la Cruz Roja Mexicana Delegación Bocoyna, en Creel, que trabajó en el diseño de la ampliación y costo estimado de nuevas instalaciones, así como en un proyecto de atracción de aliados estratégicos y la automatización y el uso de IA para optimizar la gestión de recursos.
En el caso de Sisoguichi, los talleres de ciencia, tecnología y matemáticas fueron impartidos por Sergio Téllez (campus Puebla), Carlos Cabañas (campus Ciudad de México), Daniela González (campus Estado de México) y Gerardo Villezcas (campus Chihuahua).
En la Cruz Roja, Ivana Posadas (campus Toluca) trabajó al lado de Emiliano de la O y Bruno Díaz de León (ambos del campus Chihuahua). Por último, Gabriela Quirarte (también de campus Chihuahua) dedicó sus días en Nírata a colaborar con Cedain.
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